Qué ver en Cantabria antes o después del Camino Lebaniego

El Camino Lebaniego no es solo una peregrinación. Es la excusa perfecta para descubrir una de las comunidades más hermosas y menos masificadas de España. Cantabria tiene paisajes de montaña, pueblos medievales, acantilados, playas y lugares cargados de historia que van mucho más allá del propio camino.

El Camino Lebaniego no es solo una peregrinación. Es la excusa perfecta para descubrir una de las comunidades más hermosas y menos masificadas de España. Cantabria tiene paisajes de montaña, pueblos medievales, acantilados, playas y lugares cargados de historia que van mucho más allá del propio camino.

Si ya tienes el viaje planificado, te proponemos aprovechar el desplazamiento para conocer 5 lugares que no deberían quedarse fuera de tu ruta. Puedes visitarlos antes de empezar el camino, durante una jornada de descanso o al terminar la peregrinación. Nosotros te ayudamos a organizarlo todo.

Por qué combinar el Camino Lebaniego con visitas por Cantabria

Una de las grandes ventajas del Camino Lebaniego frente a otras rutas de peregrinación es su escala humana. Con tan solo 68 km desde San Vicente de la Barquera, es perfectamente compatible con dedicar uno o dos días extra a explorar la región.

Además, la mayor parte de los lugares que te recomendamos están en la ruta natural del camino o a muy pocos kilómetros. No necesitas grandes desvíos ni alquilar un coche varios días: con una buena planificación y algo de apoyo logístico, puedes verlo todo sin complicaciones.

Y si no quieres preocuparte por los traslados, en Fidel en el Camino organizamos visitas y excursiones a medida para que tú solo tengas que disfrutar.

1. Fuente Dé: el balcón de los Picos de Europa

Si hay un lugar que te va a dejar sin palabras en Cantabria, ese es Fuente Dé. Se trata de un imponente circo glaciar situado a los pies de los Picos de Europa, en el corazón del Parque Nacional. Desde aquí parte el teleférico que en apenas cuatro minutos te sube hasta los 1.800 metros de altitud.

Arriba te espera un paisaje de alta montaña que parece sacado de otro mundo: picos nevados buena parte del año, praderas verdes en verano y unas vistas que se extienden hasta el horizonte. Es uno de esos lugares que hay que ver para creer.

Lo mejor es que Fuente Dé está muy cerca de Potes, una de las etapas del Camino Lebaniego, así que encaja de manera casi natural en la ruta. Puedes visitarlo el día que llegas a Potes o dedicar la mañana siguiente antes de continuar.

Comillas: arquitectura modernista junto al mar

Comillas es uno de esos pueblos que sorprende a todo el que llega. A orillas del Cantábrico y con un casco histórico lleno de encanto, este pequeño municipio guarda algunos de los edificios modernistas más singulares fuera de Barcelona, gracias al mecenazgo del primer Marqués de Comillas a finales del siglo XIX.

Qué ver en Comillas

  • El Capricho de Gaudí: uno de los primeros edificios del arquitecto, construido en 1885. Una joya absolutamente única con su fachada de girasoles en cerámica y su torre con forma de minarete. No es muy grande, pero su interior también es visitable y merece la pena.
  • El Palacio de Sobrellano: residencia estival de los Marqueses de Comillas, diseñada por Joan Martorell, también con un estilo neogótico que impresiona.
  • La Universidad Pontificia: hoy en estado de ruina romántica, este edificio diseñado por Domènech i Montaner es una de las imágenes más icónicas de Cantabria.
  • El casco histórico y el faro: perfectos para un paseo tranquilo con vistas al mar.

Comillas está en el tramo inicial del Camino Lebaniego, muy cerca de San Vicente de la Barquera. Es ideal visitarlo el día de llegada o en la primera etapa si tienes tiempo.

Santillana del Mar: el pueblo medieval mejor conservado de España

Santillana del Mar no tiene mar (a pesar de lo que su nombre sugiere), pero tiene algo que pocos pueblos de España pueden presumir: un casco histórico medieval prácticamente intacto. Sus calles empedradas, sus casonas blasonadas y sus balcones llenos de flores forman un conjunto de una belleza excepcional.

El escritor Jean-Paul Sartre lo llamó «el pueblo de las tres mentiras» (no es santa, no es llana y no tiene mar), pero también lo consideró uno de los más bonitos que había visto. La frase ha quedado, y la belleza del pueblo también.

Qué ver en Santillana del Mar

  • La Colegiata de Santa Juliana: el edificio central del pueblo, del siglo XII, con un claustro románico de gran valor artístico.
  • Las calles del casco histórico: simplemente pasear y perderse entre sus callejuelas ya es un plan en sí mismo.
  • Las Cuevas de Altamira: a escasos 2 km del pueblo se encuentra el Museo de Altamira, con reproducciones exactas de las pinturas rupestres originales (declaradas Patrimonio de la Humanidad). La cueva original está cerrada al público general, pero la réplica es impresionante.

Santillana del Mar está a unos 30 km de Cabezón de la Sal, por lo que puede visitarse cómodamente en combinación con la segunda etapa del camino.

San Sebastián de Garabandal: un lugar cargado de espiritualidad

Para quienes hacen el Camino Lebaniego por motivos espirituales o religiosos, San Sebastián de Garabandal es una visita muy especial. Este pequeño pueblo de montaña en el municipio de Rionansa es conocido en el mundo católico por las apariciones de la Virgen María que, según los testimonios de cuatro niñas, tuvieron lugar entre 1961 y 1965.

Independientemente de las creencias de cada uno, el lugar transmite una paz y una tranquilidad difíciles de encontrar. El pueblo es muy pequeño, apenas unos cientos de habitantes, y el entorno natural es de una belleza serena. Muchos peregrinos que hacen el Camino Lebaniego lo incluyen en su ruta precisamente por ese ambiente de recogimiento.

El acceso es por carretera de montaña y no es sencillo llegar en transporte público, por lo que es uno de los casos donde más se agradece contar con un servicio de traslados personalizado.

San Sebastián de Garabandal

Potes: el corazón de Liébana

Técnicamente, Potes es parte del Camino Lebaniego, ya que es la etapa previa al Monasterio de Santo Toribio. Pero merece mencionarse aquí porque muchos peregrinos llegan, dejan el equipaje y siguen caminando sin pararse a explorar el pueblo. Y eso es un error.

Potes es la capital de la comarca de Liébana y uno de los pueblos más bonitos de Cantabria. Su casco antiguo medieval, con el río Deva cruzándolo y la Torre del Infantado como emblema, es un lugar perfecto para descansar, comer bien y prepararse para el tramo final de la peregrinación.

Qué hacer en Potes

  • Pasear por el casco histórico: sus puentes medievales y calles empedradas son ideales para una tarde tranquila después de una etapa de camino.
  • Probar la gastronomía local: la cocina lebaniega es contundente y deliciosa. El cocido lebaniego, el orujo de hierbas y el queso de Liébana son imprescindibles.
  • Visitar la Torre del Infantado: uno de los monumentos más representativos del pueblo, del siglo XV.
  • Comprar orujo: Potes es famoso por su orujo, y hay varias destilerías y tiendas donde puedes llevarte una botella como recuerdo.

Si organizas bien los tiempos, puedes llegar a Potes con suficiente margen para explorar el pueblo, cenar bien y descansar antes del último tramo hasta el Monasterio.